La muerte del Sol

11 04 2009

En un día más oscuro que la noche,
un viejo Sol levemente iluminaba,
aterradas las gentes en las calles lloraban,
los corazones se partieron y la agonía reinó,
cuando el cansado Sol por última vez parpadeó,
desapareció apagándose y el mundo entero se oscureció,
el terror con los ojos ya no se apreciaba, solamente se escuchaba,
pero siendo tan generosa la naturaleza,
un joven Sol en otro horizonte apareció,
casualmente el universo así lo quiso,
sorprendió una nueva estrella en el momento apropiado.

David Cantón





Microrelato erótico: Chocolate de postre

14 11 2008

Diez de septiembre; hoy hace un mes que conocí a una chica muy especial, se llama Elisa y esta noche tenemos pendiente una cena muy especial….
Quedamos a las nueve de la noche para cenar en mi casa, y quizás ver una película juntos después. Por la mañana, fui al centro comercial a comprar lo que necesitase para después. Recorrí cada pasillo bus ando algo original para la ocasión, fui introduciendo cosas en el carrito. Pasé de largo por la zona de chucherías y de repente, frené y volví hacia atrás por algo que vi rápidamente. Una inmensa tableta de chocolate con leche Nestle. Quedé pensativo observándola durante unos minutos, entonces fue cuando se me ocurrió un postre para una cena difícil de olvidar…

Se iba acercando la hora y yo estaba ultimando detalles, limpié la casa, la perfumé y luego preparé una mesa para dos, coronada con dos grandes velas rojas encargadas de ser la única iluminación durante la noche.

Las nueve y quince minutos pasados, sonó el timbre de la puerta y yo nervioso me miré a al espejo antes de dirigirme a la puerta, al abrir, mi preciosa chica, deslumbrante, con un fino vestido negro que reposaba en cada curva de su cuerpo, su pelo, brillante, con unos tirabuzones que hornamentaba sus hombros y como no, la dulzura inigualable de la que me enamoré, personificada en una cara de ángel que cuando sonríe, me derrite.

Pasó al salón y quedó sorprendida por la decoración de la mesa y el aroma de la casa, mientras tanto, yo ultimaba la cena para poder servirla rápidamente.
Antes de comenzar, quise disfrutar una vez más de sus besos, así que la busque y tuve que parar pronto, sino hubiese querido ir directamente al postre.

Se sentó ella primero y tras servir yo la cena, me senté también. Fuimos charlando y bebiendo vino y cuando menos me lo esperaba ya habíamos terminado el segundo plato, tras terminar la charla y la comida la invité al sofá para ver una película, ella me preguntó sobre el postre y yo le dije ,evadiendo un poco la pregunta, que confiase en mi. Puse una película en el DVD y nos sentamos juntos abrazados. El tacto de su vestido me excitaba cada vez más, recorría sus curvas con mis manos sobre un vestido tan adherido que parecía formar parte de su piel.
Ella no llevaba sujetador, y a la vez que besuqueaba su cuello y sus hombros, pude ver y sentir como sus pezones se fueron endureciendo, quedando perfectamente marcados en el tejido de su vestido negro.

La cosa se iba calentando cada vez más, y sonriendo me volvió a preguntar por el postre, llevé mi mano tras de mi y saque de detrás de un cojín la inmensa tableta de chocolate que compre. Elisa quedó impresionada, pero aun no sabía realmente en que plato se iba a servir. Abrí la tableta y corte una onza, ella quería ser la primera en comérsela pero yo no la dejé, le hice sufrir un poco.
Bajé un tirante que reposaba suavemente en su hombro y saqué su pecho del vestido con unas intensas carícias, envolviéndolo con mi mano y apretando delicádamente en cada momento.

Chupé la onza y el calor de mis manos ayudó a que se derritiera, la froté en su pezón  hasta dejarlo completamente manchado para luego llevármelo a la boca y lamerlo cuidadosamente, sintiendo como su piel se erizaba en mi oreja, que permanecía apoyada sobre ella y su pezón se endurecía dentro de mi boca al ritmo de unos gemidos suaves. La segunda onza la gasté en su otro pezón y las restantes en cada milímetro de su piel.
La penúltima onza me pidió gastarla ella y yo me dejé llevar, me quitó el pantalón y bajó mis boxers, dejándolos en las rodillas, estaba tumbado en el sofá y los pies en el suelo, mi pene estaba en su máximo apogeo, empapado y deseando que lo tocaran. Elisa con la onza derretida entre los dedos me lo manchó, de arriba a abajo, para después chuparlo hasta que no quedase ni una gota. Ella no paró hasta hacerme eyacular en su mejilla, y yo no podía dejarla así de excitada, por lo que tuve que gastar lo que quedaba de chocolate entre sus piernas, saboree los labios de su vagina con mi boca, absorbiéndolos a chupetones, igual que con su clítoris, que una vez dentro de mi húmeda boca, la punta de mi lengua endurecida lo rozaba suavemente, hasta que en uno de sus intensos gemidos sentí mis labios comenzaron a empaparse, fue su tan deseado orgasmo que desde mis labios bajaba y goteaba en mi barbilla….

David Cantón





Dedicado a los bohemios

13 11 2008

En una noche de tormenta, sus lágrimas caen a la par que las gotas de lluvia.
Y es que, condenado quedó el bohemio por siempre, por tener infinita cabida en su corazón para el dolor, porque hubo un amor maldito en su vida, que lo envenenó, y pobre de él pues jamás existirá cura. Exiliado permanece, a los lugares más oscuros, más íntimos y más solitarios, donde pueda pensar y pensar, ya que nunca se cansará de ello, pues vive para ello. Pensador y gran amante a la misma vez, se le derrite el alma cuando escucha un solo triste de piano.

David Cantón





Hoy parece que nunca dejará de llover

23 10 2008

Hoy parece que nunca dejará de llover,
el viento viaja suave y los arboles se dejan mecer,
un triste solo de piano suena en mi portátil, y me logra estremecer,
recuerdos fríos vuelven, cuando la luna va tomando forma al anochecer,

Mi corazón se escarcha bajo las cálidas mantas, sin poderlo evitar,
viejas heridas que siguen abiertas, duelen, y de mi cara lagrimas comienzan a bajar,
por la ventana sale mi mirada triste, que se moja al pasar,
aliviado va quedando el alma, cuando el piano se dispone a terminar,

La vida misma suena como un piano, cuando alguien te hizo sufrir,
morirás con esa espina clavada, por muchos años que consigas vivir,
personas y más personas pasarán por tu vida, pero solo una te enseñó a sentir,
un amor desterrado, seguirá viviendo en uno de los dos corazones, donde empezó a existir.

David Cantón





Escribo para ti

23 10 2008

Escribo para el que llora, para el que lamenta, para aquel que piensa como yo, aunque sea una vez en la vida.
Son mis letras para tiempos de tormenta, para tiempos de guerra, para tiempos de pena.
Están escritas para ti, porque tú me buscas, porque cuando tu moral cae como el plomo, me encuentras.
Me necesitas para llenar los huecos de tu alma, para reanimar tu ánimo en coma y seguir sintiendo.
Volverá tu dolor con el tiempo, pues siempre vuelve, pero ya sabrás donde encontrarme.
Nací niño y feliz pero moriré viejo y triste, ya que la vida es solo para el que sabe disfrutarla y para el que no, cada linea mía es suya.
Seguiré escribiendo cuando el cuerpo me lo pida, seguiré retransmitiendo este partido de entre el bien y el mal, desde el palco mas oscuro del estadio.

David Cantón





A tí, que vas tan deprisa.

4 10 2008

Cuantos te quiero que parecían eternos en tu nick, cuantos iconos de besos coloreaban tus conversaciones, cuantas lágrimas cayeron cuando se derribó lo que parecía inderribable, cuantos amigos perdiste, que soledad tan amarga, que móvil tan silencioso…

David Cantón





Hoy soñé

7 08 2008

Hoy soñé que me despertaba y,
al abrir los ojos cada día me enamoraba,
sentía el calor de tus curvas desnudas,
sentía cariño y el amor en tu mirada,
tanto miedo que de mí se apoderaba,
por despertar y que todo se desvaneciera,
desconsuelo de día y contento cuando atardecia,
volver a soñar contigo era lo que siempre quería.

David Cantón





El misterio del páramo: Capítulo 1

30 06 2008

Abrí los ojos lentamente, un tremendo dolor de cabeza digno de un día de resaca aturdía mis sentidos. Sin moverme ni un centímetro observe a mi alrededor con los ojos entreabiertos, no conseguía distinguir nada, estaba totalmente oscuro y la calima casi cubría mi cuerpo tendido, únicamente el reflejo de la luna contorneaba la silueta de lo que parecía vegetación, hubiera apostado que eran cactus si el miedo no me hubiera mantenido cautivo en ese momento.
Conseguí recuperarme del aturdimiento y poco a poco me puse en pié, mis manos se perdían entre la bruma cuando las apoyaba en el suelo, realmente era aterrador no saber lo que estaba tocando. Me quedé erguido sin dar un paso, utilizando los cinco sentidos para descubrir donde estaba, y como había ido a parar a un lugar así. Me dispuse a analizar el entorno.
El cielo estaba totalmente estrellado, las nubes reposaban serenas, finas y alargadas como el humo que sale de una chimenea, se perdían a lo largo de un cielo infinito, tapando tímidamente la luna llena. Hacia tiempo que no veía tantas estrellas, me recordó cuando veraneaba en el pueblo, cosa que me llevó a sospechar que me encontraba seguramente lejos de la ciudad.
La niebla se extendía por lo que parecía un páramo de aspecto desértico, como un tétrico velo blanquizo, hacia frío y me rodeaban sonidos estremecedores, no conseguí averiguar fácilmente que criaturas del Señor podían hacer tales sonidos tan aterradores.
Una fauna extraña, difícil de describir, el croar de las ranas se oía por doquier, unas veces más cerca, otras en la lejanía, pero siempre estaba allí, sin parar, marcaba el ritmo de aquella mortuosa melodía. Lo normal era que cada poco tiempo se oyera croscitar a lo que parecían cuervos, lo hacían de forma sorda y silbaba una misteriosa brisa que tildaba el tétrico canto de aquellos pájaros del infierno. Los demás sonidos eran nuevos para mi, crujidos de todo tipo a mi alrededor.
No me atrevía a dar un paso, no sabía a donde dirigirme, a cualquier horizonte donde miraba no dejaba de ver formas más oscuras que la propia noche, indescriptibles, unas mas grandes que otras y con formas desproporcionadas, quizás fuesen piedras o arbustos, quien sabe.
Me palpe por todo el cuerpo para reconocer mi ropa y los objetos que llevaba en mi recuerdo más cercano, iba calzado, unos pantalones vaqueros y una camiseta beige, bastante sucia, aproveche para sacudirla. La cartera seguía en el bolsillo trasero de mi pantalón y mi reloj en la muñeca izquierda, no sé porque me lo temía pero no funcionaba, quedó parado marcando las 6:59 de la madrugada de cualquier día.
Entendí que no conseguiría mucho quedándome allí parado en el mismo lugar superado por los acontecimientos, me dispuse a moverme, no había mucho por donde elegir, así que, me dirigí por donde señalaba mi ultimo vistazo.
Mis pasos desmoronaban la tranquilidad con la que reposaba la niebla en el suelo, anduve cuidadosamente hasta llegar a un pedrusco inmenso y frío, quede apoyado con las palmas de mis manos volviendo a ojear el entorno, girando mi cabeza de un lado a otro.
Conseguí distinguir en la oscuridad lo que parecía un sendero arropado por vegetación y mas rocas, medianas y grandes, en sendos lados. Me atreví desconfiado a seguirlo, no tenía muchas opciones, por lo tanto, me adentré.
Grillos y más sonidos variopintos acompañaban mi paseo, la anchura del sendero no parecía variar pero si descendía y curvaba hacia arriba constantemente. En algunos tramos hundidos la bruma tapaba mis piernas, como si me estuviese metiendo en un baño de espuma. Tras mucho caminar y dar fe de que el sendero podría ser infinito y que no iba a conseguir averiguar mucho, me plantee seguir durante el día, así que, busqué un sitio cómodo donde dar una cabezada, una piedra con superficie aplanada que encontré a no más de cinco pasos fue buena candidata. Me costó bastante coger el sueño, cada vez que cerraba los ojos los volvía a abrir inmediatamente con cualquier sonido inesperado, pero caí exhausto por el cumulo de impresiones en tan poco tiempo y dormí.
Tomás, Tomás, despierta Tom, – me sacudía mi madre mientras me llamaba – , vas a llegar tarde, despierta. Cuando me iba a volver para responderle, empecé lentamente a abrir los ojos mientras una fuerte luz me cegaba, fui acostumbrándome al resplandor poco a poco, pero cuando menos me lo esperaba, pegué un sobresalto impulsándome con los brazos hacia atrás
- ! Quien eres tú ¡ – grité
- Tranquilo chico, me respondió un hombre de unos sesenta años, rechoncho, pelo cano, barbas blancas de 1 semana, ropa sucia, como sus manos, con acento latinoamericano. En sus pies, un canasto grande, en su cintura llevaba amarrado un cinturón con bolsas de  esparto que poseían algo y colgaban.
- Quien eres tú,  pregunté más tranquilo
- Me llamo Pedro, trabajo con gente de la aldea en este páramo, recogemos alimentos y hierbas todos los días, es nuestra faena, me respondió el viejo
- Donde estoy, qué es esto,  pregunté desconcertado, mirando de lado a lado,
- Estas en el Nevado de Santa Isabel -
- ¿Nevado de Santa Isabel, y donde se supone que está? – pregunté confuso,
- Colombia -, contestó firmemente el anciano dejándome fuera de lugar, quedé perplejo parpadeando lentamente sin saber donde mirar, no me hubiera sorprendido tanto si no fuera porque soy de Sevilla, España y aquel lugar quedaba fuera del alcance de mi imaginación. Permanecí sentado intentando digerir con trabajo las ultimas frases que oí, me entraron ganas de llorar y gritar, no existían palabras justas para lograr describir lo que yo pude llegar a sentir en aquel momento.
Dos días después, me despierto de madrugada para acompañar a Pedro y la gente del poblado a su jornada diaria en el páramo. Caminamos juntos durante unos treinta minutos hacia el lugar de trabajo, mientras tanto, charlábamos entre nosotros, aproveche para preguntar a Pedro, si tenía alguna idea de como pude acabar en el páramo. Pedro me respondió con voz turbia y cabizbajo:
- No, no tengo ni idea, amigo.
Su respuesta me dejó confuso, no sabía que pensar, si me respondió así porque era su forma de ser y yo aun no la conocía bien, o más bien me respondió así porque me estaba mintiendo, giré la cabeza hacia el frente y continué caminando en silencio. Llegamos a nuestro destino, el grupo se dispersó por todo el páramo, yo me quedé acompañando a Pedro y observando como trabajaba, mientras él se agachaba una y otra vez cortando hierbas y ramas con su machete, yo me distraía mirando a mi alrededor, intentando reconocer el lugar donde tuvo mi primera experiencia en aquel desértico escenario. La vista se perdía en el horizonte, cada minuto que pasaba allí más me costaba entender como pude acabar en ese lugar, prácticamente era imposible. Al acabar la jornada, nos volvimos a casa, Pedro guardo los ramajos y hierbas en el almacén que tenia junto a su casa y luego nos dirigimos a cenar. Su esposa, María, preparó aquella noche carne de caza al horno, durante la cena, dominada por el silencio y la sensación del que oculta algo, me limité a comer sin decir nada. Felicité a la cocinera por la exquisitez de la comida con la intención de romper aquella incomoda situación, pero ella sonrío levemente y continuo comiendo, yo también. Me fui a mi habitación minutos más tarde, tumbado en la cama mirando al techo pensé una vez más lo sucedido, pero sin encontrar respuestas, el sueño pudo conmigo y dormí.
Alguien aporreando la puerta en la fría madrugada me desveló, parecía impaciente, sentí los pasos de Pedro recorriendo la casa hasta llegar a la puerta, la abrió y saludó asustado. Comenzaron a discutir en voz baja, me entró la curiosidad y coloque la oreja en mi puerta, no conseguí entender nada de su conversación hasta que el invitado pronunció mi nombre y comenzaron a caminar por la casa. Los pasos eran cada vez más cercanos, cuando la escalera que llevaba a la segunda planta crujía con cada paso, me apresuré a mi cama y me hice el dormido, dejaron de caminar justo detrás de mi puerta, el silencio me inquietaba mientras miraba hacia ella con un ojo entreabierto. Mi corazón latía dentro de un puño. Una mano giró el pomo lentamente intentando evitar el ruido, abrió una cuarta y volvió a girar el pomo suavemente hacia el otro sentido, la puerta continuo abriéndose dejando ver la oscuridad del pasillo exterior.
Reconocí la voz de Pedro que se ocultaba intimidado en la oscuridad, intentaba convencer al invitado de que no hiciera algo, no dijo el qué, pero pronto lo averiguaría por mí mismo. El invitado caminaba hacia mí lentamente con algún objeto en su mano, me mantuve quieto templando los nervios, se detuvo a un lado de la cama junto a mi cabeza, quedándose paralizado, observándome fríamente y cuando menos me lo esperaba, tapó mi boca con un trapo húmedo, forcejee e intenté gritar para impedirlo, pero el intento resultó en balde.
¡ Vamos despierta inútil ! – escuchaba en la lejanía de mi mente. Levanté mis párpados que pesaban como plomos. Una luz fuerte alumbraba mi cara y me dificultaba ver a mi raptor, que hablaba consigo mismo como un loco, rodeando nerviosamente la camilla donde yo permanecía amarrado de brazos y piernas.
- Qué quieres de mi, pregunté adormilado aun por la droga.
- ¿Como qué quiero de ti?, ! como si no lo supieras ¡, ¡ todos lo saben !
- ¿ Todos ?, a quien te refieres.
- ¿ Eres idiota o qué ?, ¡ pues todos !, mira a tu alrededor y deja de preguntar estupideces.
Giré la cabeza lentamente y no cupe en mi asombro, quedé sin habla observando a mi alrededor incontables cámaras de cristal empañado que contenían personas jóvenes, todos hombres,  flotando en líquido rosado, me fue imposible distinguir sus rostros cuando el miedo y la agonía de saber lo que me ocurriría se apodero de mí. Intenté patalear y tirar de los amarres que me apresaban pero fue en vano. Mi raptor reía como un loco viéndome forcejear a la par que cargaba de alguna droga una jeringuilla que posteriormente me hundió en el cuello y caí rendido.
Son las doce de la mañana, mi despertador sonó a esa hora como cada fin de semana, pero esta vez la diferencia es que, me desperté en mi hogar, a miles de kilómetros de donde lo hice el día anterior. Me desperté confuso y asustado como el que tiene una horrible pesadilla, permanecí sentado en la cama bastante tiempo, sudando, con la respiración acelerada y con una angustia difícil de describir. Me estaba volviendo loco, no entendía de ninguna manera que me despertara en mi cama, con la misma ropa, después de lo que había pasado y sufrido en aquel poblado de mala muerte durante tantos días. Me apresuré al baño con insoportables nauseas y para mi asombro , vomité liquido rosado que me resultó muy familiar. Anduve dudoso de una punta a otra de la casa, sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo, sin saber lo que hacer, lo primero que se me ocurrió fue llamar a alguien. Descolgué el teléfono y llamé al primer amigo que se me vino a la cabeza y que más tiempo pasaba conmigo, esperaba escucharlo detrás de algún tono y que me ayudara a volver a mi cordura:
- ¿ Muriel ?, pregunté como el que ya no se fía de nada.
- ¡ Ey  tío ¡, ¿ qué pasa ?, donde te metiste anoche te estuvimos buscando tío, fuiste al baño y no volvimos a saber de ti, ¿ te largaste con alguna chica no, cabrón ?
Me quedé enmudecido y comenzó a caer sudores fríos de mi frente y sentirme mal.
- David, ¿ estas ahí tío ?, ¿David?
- Si, si… estoy aquí Muriel, respondí como el que acaba de bajar de una nube.
- Te noto raro, ¿ mucha resaca ?
-  Muriel, necesito preguntarte algo, ¿ cuando fue la ultima vez que me viste ?
- Ja, ja, ¡ tío !, no se qué te metiste anoche pero no quiero probarlo, ¿ qué dices tío ?, estuvimos anoche de fiesta, ¿ qué te pasa , quieres que vaya a verte a tu casa ?, ja, ja, tú no estás bien tío …
Colgué el teléfono dejando a Muriel con la palabra en la boca, por muchas vueltas que le diera era imposible que hubiera sido una pesadilla, quizás el liquido rosa hubiese sido algo que tomé el día anterior en aquella fiesta, pero, ¿ y la ropa ? Dudaba tanto que ya no sabia como iba vestido el día anterior.
Me preparé un baño caliente, le di vueltas y más vueltas a lo sucedido, pero no conseguía llegar a ninguna conclusión, no había ninguna explicación razonable, únicamente que hubiera sido una pesadilla, o que yo estuviera loco.
Encerrado en mi casa, paranoico, tuve que poner todo mi empeño para superar lo que quiera que me hubiera  ocurrido y proseguir con mi vida normal, tan difícil era de creer lo que me estaba ocurriendo, como si la gente me dijera que el cielo esta gris, y yo lo viese azul.

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Desamor

25 06 2008

Aprendí a ser valiente en el infierno de tus besos,
doloroso el mío corazón quedaba en tu cariño compartido,
asediados mis sentimientos que congelados durmieron,
olvidados con los años que nadie los reclamó,
maravillosos fueron tiempos en que solo eras mía,
pude ser ser humilde y conformarme con los restos,
pero quise ser ambicioso y darte a elegir,
tus labios solo míos mis labios los tuyos,
mis labios desterrados tus labios olvidados.

David Cantón





Se católico, duerme tanquilo.

25 06 2008

En el nombre del Padre,
viola, roba, mata y sobrevive.
En el nombre del Hijo,
engaña, pervierte, pega y sobrevive.
En el nombre del Espíritu Santo,
confiesa, reza, olvida, duerme tranquilo y sobrevive.